Todos sufrimos con Rodrigo Gerhardt cuando se lesionó en el primer partido de Argentina en Taipei. Había sido muy difícil armar el equipo para llegar a los Juegos Mundiales Universitarios  y apenas empezada la historia, se quedaba con uno menos. Pero ni eso pudo con el espíritu de un grupo que, a medida que transcurría el torneo, se iba haciendo cada vez más fuerte. “Si bien no pude jugar varios encuentros por la lesión, el grupo me ayudó mucho a pasar el momento y hacer que me sienta dentro del juego”. Gracias al trabajo de los kinesiólogos del plantel, Rodrigo pudo entrar a la cancha en el último encuentro y sellar una gran participación del Basquet Universitario argentino en su debut en una Universiada. “Fue un torneo muy exigente, pero competimos en cada uno de los partidos y logramos algo muy importante que es la clasificación a Napoli 2019”, recuerda.

Cualquier estudiante que haya estado en Taipei dirá que fue una experiencia inolvidable y Rodrigo no es la excepción: “Fue algo increíble, desde la dificultad para armar el equipo y el poco tiempo de preparación que tuvimos, pero sobre todo por haber compartido con atletas de primer nivel de todo el mundo”. Y destaca que muchos de los chicos que representaron a Argentina estuvieron participando en los Juegos ODESUR con grandes resultados.

“Sin dudas, tener la camiseta de la Selección Argentina siempre hace que se te infle el pecho de orgullo y quieras dar todo por dejarla lo más arriba que puedas. Vivir el ambiente de la Villa Olímpica es algo único y dan ganas de repetirlo cada vez que puedas”.  En julio tendrá una nueva oportunidad para revivir esa experiencia, porque será parte de la Selección Universitaria que representará a Argentina en los Juegos Universitarios Panamericanos, que se desarrollarán del 19 al 29 de julio en San Pablo. “Sé que la competencia va a ser muy dura y vamos a ir en busca de hacer un buen papel y, obviamente, soñar con una medalla. Todavía estamos en proceso de armado, pero noto una gran predisposición para llegar de la mejor manera a San Pablo y competir de igual a igual con todos”.

Rodrigo estudia la Licenciatura en Comercialización en la Universidad Siglo 21 y juega en Bahía Basket, equipo que disputa la Liga Nacional, la más competitiva del país. Su vida siempre estuvo ligada al básquet: “Empecé a jugar a los 4 años en Bahiense del Norte porque mi abuelo fue casi fundador del club y mi mamá y tíos se criaron ahí adentro. En el 2016 me fui a jugar 4 meses a España, en el Pas Pielagos, que fue una experiencia totalmente distinta y muy lejos de casa, pero la gente de ahí logró que me sientiera como en mi hogar. Al volver, ya me sumé a Bahía Basket y llevo dos temporadas siendo parte del plantel de Liga Nacional y Liga de Desarrollo”.

Cuenta que “al tener viajes tan seguidos y no estar permanentemente en la ciudad, estudio a distancia, lo que me permite manejar mis horarios. Busco los momentos para leer, como los viajes o las tardes libres. A veces cuesta encontrar los espacios porque además voy a clases de Inglés y Alemán y estoy a cargo del área de Marketing de Bahía Basket”.

¿Qué pensás del proyecto Doble Carrera que impulsa la FeDUA?

Me parece algo excepcional. Tenemos una posibilidad que es hacer lo que nos gusta, cada uno en su deporte y, si a eso le sumás el poder desarrollar tu cabeza un poco más allá de lo qué haces, generás muchísimas chances de lograr grandes cosas. En lo deportivo, favorecés tu desarrollo mental  y, como persona y profesional, abrís muchísimas puertas. Sin tener en cuenta que el deporte no dura para toda la vida y cuando te retirás necesitas tener algo más que haber sido un buen atleta. Hace poco leí que Delfina Merino, la mejor jugadora de hockey del mundo, dijo “Estudiar te vuelve mejor persona y te abre la cabeza”. No hay lugar para pensarlo dos veces, si estando en la elite mundial y conociendo lugares y culturas como lo hizo durante su carrera dice eso, ¿por qué no hacerlo?

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