“Si uno quiere algo y lucha por lograrlo, al final hay recompensa”, dice Florencia Senger. Cuando hace unos meses terminó el Profesorado Universitario de Música en la UADER entendió que tenía dos caminos posibles: trabajar de su flamante profesión y continuar jugando al fútbol de forma amateur o intentar probar suerte en el deporte profesional. “Entre distintas propuestas surgió la de ir a jugar a Colombia, donde la Liga Águila Profesional tiene mucha fuerza y jugadoras de alto nivel”, cuenta.

Pero antes de firmar contrato con Bogotá F.C., Flopi se puso la 9 de Argentina para jugar en las Universiadas de Taipei. También disputó los Juegos Universitarios Regionales defendiendo a su Universidad. “Mi experiencia en el Deporte Universitario fue una de las más gratas. No solo desde lo motivacional, porque uno se encuentra trabajando por un objetivo común con otros estudiantes, sino también desde lo personal, porque pude conocer mucha gente de otros lugares. Competís adentro de la cancha y afuera compartís con personas distintas que buscan lo mismo que vos: recibirse y hacer deporte”.

Sobre Taipei, asegura que “será imborrable, más allá de que – en nuestro caso – los resultados no fueron los mejores. Trabajamos muy fuerte y conformamos un grupo hermoso, eso  es lo más lindo, lo que te da ganas de participar en el Deporte Universitario y aprovechar las oportunidades que te brinda la FeDUA”.

Flopi es una agradecida. Agradece a su familia que siempre la apoya y la acompaña, a su entrenador Juan Comas (ex jugador de Racing), quien la ayudó para que pudiera coordinar los horarios de los entrenamientos con los de la Facultad. “Cuando ingresé al profesorado, empecé a jugar en el equipo de Las Vampiresas en Paraná, con Juan como entrenador y María Salvador como Preparadora Física; no fue fácil combinar horarios, porque mi carrera tiene mucha carga horaria y práctica, pero junto con ellos buscamos la forma, siempre con la cabeza puesta en mejorar”, recuerda. Quería hacer las dos carreras a la par – la deportiva y la académica- y jugar afuera siempre fue una idea que dio vueltas en su cabeza. “Toda esa etapa fue muy dura. Jugaba los fines de semana y tal vez tenía que rendir un lunes, pero creo que a la mayoría de los que estudiamos y entrenamos nos pasan esas cosas”. Son decisiones personales de las que no se arrepiente. “Cuando uno se mete en el baile, tiene que bailar”.

Hoy, en Bogotá, está cumpliendo un sueño. “Siento que tengo una responsabilidad muy grande, que es la que me da el representar a un equipo profesionalmente, pero es para lo que tanto trabajé y sigo trabajando”.  Está convencida de que cada día puede dar un poco más y ser mejor, por eso aprovecha cada segundo. Y dice: “Estoy viviendo una gran experiencia de vida, no solo porque puedo crecer como deportista, sino también como persona. Sueño con dejar huella por donde pase”.

Y hasta se anima a hablar del futuro: “Mi intención, cuando vuelva a Argentina, es estudiar otra carrera relacionada con la música. Creo que voy a seguir estudiando porque soy muy fan del deporte universitario y no me lo quiero perder!”