Todos lo vieron hacer un gesto con las manos en la llegada, después de correr los 400 metros con vallas en 52:10. Ese saludo, que le valió un asado, se sumó a la serie de cábalas o rutinas que Jaime Rodríguez Baldiviezo cumple religiosamente antes de cada carrera.

El saludo de la llegada fue una simple apuesta que hice con un amigo en Jujuy, que me desafió diciéndome: ‘¿a que no te animás a hacer un gesto en la llegada?’. Y bueno, un poco homenajeé a los orientales que cada vez que nos pedían una selfie hacían el signo de paz y amor. Me acordé de eso apenas crucé la llegada y gané un asado”, cuenta.

Para el atleta argentino, estudiante de Ontología del Lenguaje, sus hábitos pueden compararse con los de un tenista que pica dos o tres veces la pelota antes de sacar.  “Cada uno de mis gestos tiene una explicación, son pequeñas cosas que fui recolectando de distintas personas que marcaron mi vida”, explica.

¿Qué hace?

Se limpia las manos en las calzas. “Cuando entrenaba en pista de tierra, en Jujuy, los entrenadores nos decían que nos limpiáramos las manos para evitar que nos entrara tierra en los ojos y nos perjudicara en la carrera. Eso lo sigo haciendo incluso ahora, aunque corra en tartán”.

Se acomoda la cruz y cierra el puño a la altura del corazón.  “Eso lo hago porque me recuerda a algunas cosas que me decía mi madre”.

Hace cuernitos en la largada. “Es un gesto que tomé de Toto Barizza, mi primer entrenador en Buenos Aires; él hacía cuernitos en las fotos sin que nadie lo viera. Yo tomé ese gesto y ahora lo uso todo el tiempo”.

Pero hubo algo más que llamó la atención: sus anteojos. Dice que son un préstamo de su amigo y también integrante de la delegación argentina, Guillermo Ruggeri. “Muchos me cargan porque son muy vistosos y me divierte. Son un chiche más que se puede usar en una carrera”.

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